jueves, 29 de septiembre de 2011

¿POR QUÉ LA MUJER DECRETA YO SOY EL QUE YO SOY Y NO YO SOY LA QUE YO SOY?


Reunir los elementos del alma.



Así pues, el alma que es redimida se funde con el Cristo viviente y con el yo soy el que yo soy. Se ha vuelto a unir con el Dios Padre-Madre y, en el reino del Espíritu, el alma ya no es femenina sino que verdaderamente se ha imbuido del ser masculino. Por cuanto abraza esa unidad también ella se convierte en el ser andrógino. Jesucristo, 7 de julio de 1985, «La ley de vuestras llamas gemelas», en Perlas de Sabiduría, vol. 28, nº 38, 22 de septiembre de 1985.





Según el evangelio de Felipe, cuando Eva estaba dentro de Adán, la muerte no existía. La razón de ello es que, cuando las partes masculina y femenina del individuo o de las llamas gemelas son una, se produce la plenitud divina. Donde hay plenitud, hay vida eterna. Cuando ella fue separada de él, vino la muerte. El evangelio de Felipe 68, (Los evangelios gnósticos de Jesús). Cuando Adán y Eva se vuelvan a unir y él la reciba, «la muerte dejará de existir». Primero te unes a tu Santo Ser Crístico y tu Presencia yo soy, y luego lo haces con tu llama gemela. Las dos mitades del todo, la positiva y la negativa, permanecen incompletas la una sin la otra. Por eso cada una permanece sujeta a un estado incompleto, susceptible  de morir, lo cual a su vez define ese estado incompleto. La unión de lo positivo y lo negativo crea un círculo de luz que puede habitar en los reinos de la inmortalidad. Cuando reúnas a las partes masculina y femenina dentro de tu ser, conocerás la plenitud que te permitirá recibir al Espíritu de Dios y obtener la vida eterna mediante el Cristo. Si la mujer no se hubiera separado del hombre, el hombre y la mujer no habrían muerto. La separación  del hombre y la mujer fue el comienzo de la muerte. Cristo vino para sanar esa separación que hubo desde  el principio y para reunir a los dos, con el fin de dar vida a quienes murieron a causa de la separación y unirlos. Es una profecía de la unión con tu llama gemela. Ya sea que tu llama gemela se encuentre en el cielo o en otra octava, o a tu lado en la Tierra, la unión tiene lugar a nivel interno. Cuando unes fuerzas con tu llama gemela, sucede que dos mitades del planeta se juntan; dos hemisferios conforman el Todo Divino. Al estar separados como hombre y mujer no manifestamos la plenitud del Todo Divino.


Estamos separados a causa de nuestro karma. Restablecemos la totalidad del Tai Chi al acceder al sendero de los maestros ascendidos. Éstos nos enseñan cómo saldar nuestro karma y cómo usar la ciencia de la Palabra  hablada con ese fin.



Jesús vio a unos pequeños que mamaban. Dijo a sus discípulos: «Estos pequeños que maman son parecidos a aquellos que entran en el reino». Ellos le dijeron: «Entonces, volviéndonos pequeños, ¿entraremos en el reino?» Jesús les dijo: «Cuando hagáis de dos uno y cuando hagáis lo que está dentro como lo que está fuera y lo que está fuera como lo que está dentro, y lo que está arriba como lo que está abajo, y cuando hagáis, el varón con la hembra, una sola cosa, de modo que el varón no sea varón y que la hembra no  sea hembra; cuando hagáis ojos en vez de un ojo, y una mano en vez de una mano, y un pie en vez de un ie, y una imagen en vez de una imagen, entonces  entraréis en el reino».


Cuando el hombre y la mujer se hacen uno, ¿qué sucede? Se convierten en un todo andrógino. ¿De qué está Jesús hablando cuando dice «hagáis lo que está dentro como lo que está fuera» y «lo que está arriba como lo que está abajo»? Yo creo que significa que lo «que está dentro» es el Espíritu de Dios, la llama trina; lo «que está fuera» es el Espíritu de la Madre, el templo viviente. Y «lo que está arriba» se refiere a la Presencia del Espíritu de Dios, y «lo que está abajo», al alma. El alma es un espejo que en su estado puro refleja plenamente al Cristo y al Dios Padre-Madre, al Espíritu. El evangelio según Tomás, págs. 91-92.





Evangelio de San Juan (textos de la India): Me gustaría añadir que, la subyugación y desprecio hacia la mujer durante tanto tiempo ha dado forma a nuestra civilización occidental y nos ha llevado a colocar a la mujer, no sólo en una posición inferior, no en un estado vergonzoso a causa de la condenación por algo que supuestamente hizo Eva. De manera que la mujer, por no defender su derecho a ser la depositaria sagrada de los misterios de Cristo y Buda y de la luz de Dios, debe ahora cambiar y asegurarse de defender ese derecho con el fin de ser el ejemplo del templo viviente de Dios ante su esposo, sus hijos y su sociedad; convirtiéndose en una verdadera pionera.


Creo que debemos defender nuestro derecho a impedir que nuestros cuerpos sean profanados, ya sea mediante la violación, la pornografía o cualquier tipo de abuso. Y son únicamente las mujeres quienes pueden hacer respetar y defender la dignidad de la mujer, lo cual haría posible que el más extraordinario potencial femenino del hombre saliera a la luz. Algunas mujeres que han formado parte del movimiento feminista se han quejado de que los hombres no son lo suficientemente masculinos. Pero, como ves, es la parte femenina del hombre la que desentraña su verdadera masculinidad, su verdadero aspecto que es Dios en virtud de la polaridad, del imán divino. Por ello, si nosotras como mujeres en cuerpos femeninos no manifestamos la verdadera naturaleza femenina de Dios que es algo innato en nosotras, no sentaremos ese ejemplo necesario para que el hombre haga lo mismo. Y sólo así podrán el hombre y la mujer lograr la naturaleza masculina de Dios. Debemos sacar nuestra naturaleza femenina para atraer hacia abajo, gracias a ella, lo que está arriba: Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Queda en manos de la mujer la reforma de su imagen, su perfil y su papel y no aceptar ya más las humillaciones que encontramos en la sociedad actual, especialmente en el ámbito de la publicidad, donde la mujer se ha convertido en juguete y objeto sexual. Y, sin embargo, hoy en día las mismas mujeres todavía se prestan a ofrecer esa imagen. De modo que, al habernos prestado a dar esa imagen de nosotras mismas, recibimos el trato que está en consonancia con ello. Debemos procurar darle la vuelta a esta situación, y tenemos que hacerlo en grandes números con el pleno apoyo de todos los hombres; porque éstos verdaderamente desean poner a la mujer de su corazón sobre un pedestal como la aspirante, la inspiración, aquélla que experimenta un despertar espiritual y posee orientación interna, del mismo modo que el hombre cuenta con rientación externa para ocuparse de nuestra vida en el aspecto físico.



El alma que se ha unido a su Yo Crístico puede ya declarar: «yo soy el que yo soy, yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Ya no soy hombre ni mujer, yo soy completo, yo soy el todo, yo soy uno. yo soy el conocedor y lo conocido; yo soy el Verbo>>.


Todo lo que se encuentra en el universo material es de condición yin; todo lo que está en el universo espiritual es de condición yang. Espíritu y materia, masculino y femenino. Cuando lo femenino humano se convierte en lo masculino espiritual gracias a la fusión del alma con Cristo, ella es ese Cristo, esa Palabra o Verbo. Quien tenga el Espíritu Santo, quien sea dotado de poder e infundido de la fortaleza del Espíritu de Dios, es masculino en el sentido espiritual de la palabra, no importa si su alma está revestida de un cuerpo de hombre o de mujer.


Ahora observa uno de los misterios que Jesús me dio. Todos los avatares masculinos son la encarnación de la Madre Divina. Y la Madre Divina, por supuesto, es el ser andrógino perfecto, pero se trata de la cualidad
yang porque es Dios, la Madre Divina, manifestándose en la forma física. Todos los avatares masculinos son la encarnación de la Madre Divina. Todos los avatares femeninos son la encarnación de la Trinidad.


En el hinduismo, la diosa de cuatro brazos Kali simboliza el aspecto feroz de la Madre Divina. Es la consorte de Shiva, el Destructor, es decir, el Transformador de las energías de la oscuridad en la polarización original de la luz. Como tercera persona de la Trinidad hindú, Shiva es la encarnación del Espíritu Santo cuya acción en el mundo de la forma se cristaliza a través de su Shakti, o complemento femenino. A Kali normalmente se la representa con un semblante aterrador, con la lengua fuera, llevando un collar hecho con calaveras humanas o cabezas y un cinturón de brazos cortados. En una mano sostiene una espada, en la otra puede sujetar la cabeza cortada de un demonio, un escudo o una soga: sus manos también pueden hacer la señal de la intrepidez y ofrecer bendiciones y beneficios. La apariencia aterradora de Kali simboliza su poder ilimitado. Su destructividad se interpreta como algo que finalmente lleva a la transformación y la salvación. Destroza las ilusiones del ego, así como la forma y sustancia de las creaciones humanas que no estén de acuerdo con la voluntad de su consorte, de ese modo bendice y libera a aquéllos que buscan el conocimiento de Dios.


EXTRAIDO DEL LIBRO EL PECADO ORIGINAL DE ELIZABETH C. PROPHET POR ANNICE BOOTH.

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