domingo, 17 de junio de 2012

La historia de Porcia.




La Presencia Yo Soy de Porcia (El Alma Gemela de St. Germain) a través de Claire Heartsong




Sentir vuestros corazones y vuestros anhelos en esta hora de comunión, entiendo más plenamente quién es quien os abraza para siempre, os acuna y os seca las lágrimas. Vengo para soplar en vosotros el silencio, en la ternura de este momento, en la forma de una historia; no debéis aferrares a ella, ni dejar que se vuelva dogma, ni percibirme como especial, ni considerar que fue algo que sucedió hace mucho y ya no tiene relevancia... pero al escuchar las vibraciones que hay más allá de las palabras, deseo acariciaros a través de lo que salga de mis labios para alimentaros y cuidaros con el fin de que podáis recordar cómo solía ser en aquello que anheláis y para ayudaros a saber que siempre está aquí. Está dentro de vosotros... está fuera de vosotros. Cada vez entráis más en este abrazo y deseo asistiros con esta historia, para que no tengáis tanto miedo de perderos en él. En verdad que seréis más de lo que realmente sois, pues me verteré en vosotros. Así que os invito, mis queridos corazones, y os acunaré en estos momentos en que estemos juntos. Hace mucho, en lo que vosotros llamáis tiempo, unos cuatrocientos años atrás, la historia sucede en la jubilosa tierra de Angles. De los reinos etéricos miré a través de las dimensiones hacia lo que es la Tierra, durante una época de gran despertar, una época en que la tierra que con anterioridad había estado muy dormida y a oscuras empezaba a despertar a un grandioso amanecer. .Los que con anterioridad habían plantado semillas para ese momento volvían a encarnarse para poner en marcha un movimiento y un flujo que afectaría todo el curso de eventos de la historia durante los siglos futuros. Establecería el camino para una nueva raza, una raza Yo Soy. Al bajar la vista desde mi lugar más allá de esta dimensión contemplé un magnífico grupo de seres que me precedió y a uno que era como yo, en encarnación masculina. Lo observé y lo cuidé en el lecho de parto cuando nació en gran secreto y ocultación. Hubo susurros apagados y luces tenues cuando el llanto salió de los labios resecos de la madre con su llameante pelo rojo. Mi corazón lloró por ella y por el pequeño que había nacido. La joven doncella, que era una dama de compañía, se llevó al bebé antes de que hubiera mamado una vez del pecho de la madre. Se lo llevó a una cabaña relativamente modesta en comparación con la sala en la que había nacido. Ella había dado a luz, y los pechos le dolían con la leche que alimentó al niño. Pasaron los años y yo seguí mirando, añorando jugar con el pequeño. Él me vio con su visión interior y deseó arrastrarme hacia su experiencia, pero le dije que aún no era la hora. Otros, como yo en el éter, participaron y de vez en cuando se manifestaron y le enseñaron al pequeño, haciendo que se abriera más allá de sus años o de la capacidad de aquellos que le rodeaban y que en verdad eran seres grandes. El joven tenía una tarea que cumplir y el concilio acordó que un gran foco pasaría por él para ser encamado y ejemplificado, que encendería toda la corte de Inglaterra con un pensamiento nuevo, una capacidad nueva de percibir la vida.


Inglaterra. Era un muchacho cuando emprendió una serie de grandes peregrinaciones. Siguió los pasos de una encarnación anterior que había conocido como Merlín2 uno de los Merlín. En la corte estaba con él uno que antes había caminado en su compañía con el nombre de Arturo3. También había otros que volvieron a encarnarse en la gran Tabla Redonda4 de conciencia que bajaría los cielos a la Tierra y elevaría a la humanidad que tanto tiempo había estado dormida desde la época del Grande que selló su vida en la tumba y luego volvió a levantarse. Los años pasaron, y la grandeza que era Inglaterra atrapó las mentes y el espíritu aventurero de una raza que despertaba. Los barcos izaron sus velas y conquistaron tierras lejanas y se celebraban matrimonios para casar a las cortes de muchas naciones y empezar una unión que era muy sentida para el que yo amaba. Él, con unos pocos más que poseían conocimiento o recuerdo de los papeles que habían desempeñado en eras pasadas en la tierra, se ocultaron en los laboratorios. En esos lugares secretos había cientos y cientos de libros. Y frascos que contenían elementos, hierbas y metales de muchos tipos. Durante horas y días se encerrarían allí y estudiarían las antiguas tablillas que habían sobrevivido y que durante edades había guardado una Hermandad, pues ya era hora de producir una gran alquimia; no sólo producir oro a lucir en el cuerpo y para decorar las mesas y los altos rangos de las cortes, sino provocar el entendimiento del oro dentro del alma humana, para transfigurar y transmutar el cuerpo, producir el elixir de la vida eterna y la enseñanza y percepción que saldrían a la tierra y se ejemplificarían en todos los que tuvieran oídos para oír y conseguir eso para liberarse.


2 Mago y vidente, ayudante del rey Arturo.3 La referencia es a Arturo, rey de Gran Bretaña y héroe de la Tabla Redonda, del que se supone que vivió en el siglo vi d. C.4 La gran mesa circular a la que solían sentarse el rey Arturo y sus caballeros, dándole ese nombre a una orden de caballeros instituida por el rey.


Él y algunos más que tenían acceso a muchos, muchos libros y registros de eras pasadas, emprendieron peregrinaciones. Fueron a lo que había llegado a ser conocido como Alejandría y otros emplazamientos de templos en Egipto, Tierra Santa, Asia Menor, Grecia, Italia, Alemania, Austria y Suiza, donde los Habsburgo habían escondido en sus cortes algunos de estos registros. Eran vagabundos juramentados en una hermandad por órdenes que honraban y perpetuaban. Cuando éste [St. Germain] empezó a saber que ya era momento de decir adiós (había creado un maravilloso drama isabelino y se había introducido grandiosamente en la intriga y, digámoslo de esta manera, tenía a la judicatura casi siempre al cuello), deseó retirarse y participar con la humanidad de un modo más silencioso y volver de una forma más habilitada con un gran plan que empezaba a crecer en su corazón. Y cuando él empezó a retirarse hice acto de presencia yo. No incidiré demasiado en la historia de nuestro encuentro particular —fue glorioso y nos reunimos. Los dos adquirimos el conocimiento de lo que se llama el aliento de la vida y nos elevamos en lo que se conoce como ascensión. Preparamos una liberación maravillosa de nuestras encamaciones, y para algunos eso fue un alivio, más otros tuvieron el conocimiento de que todo iba bien, conocían el plan. Quizá en otra ocasión, él —mi pareja, mi amado St. Germain— pueda compartir con vosotros la historia completa desde su perspectiva, como en verdad ya lo ha hecho. En cuanto a mí, se produjo una comprensión creciente jamás olvidada. Tuve un encuentro en el éter con mi amado hermano Jesús, mi amada hermana María Magdalena, mi hermana y madre Isis y mi hermano y padre Osiris, y otros seres que sabían que los ciclos de la Tierra llegaban a su consumación con el nacimiento de la era de Acuario. Sabía que tenía un papel que jugar en ello, de modo que elegí retrasar mi llegada hasta la hora apropiada y luego tuvo lugar el descenso en una encarnación aquí. Junto con mi amado entré en una gran aventura, una aventura llamada unión con el Todo-Lo-Que-Es. Para ayudar en dicha unión había una entidad que deseaba venir para participar en la






trinidad y asistirnos en un instante en el abrazo de todo el flujo de energía que jamás ha habido y nunca habrá. Esa entidad entró en mi vientre y todo estuvo preparado. Se hizo cada vez más aparente que mi amado, a la vez que también él deseaba la Unión, todavía no estaba listo para aquello por lo que yo había venido. Por consiguiente, el bebé y yo, al nacer, nos marchamos para concederle a mi amado una oportunidad de madurar y hacer lo que era su sueño, que era crear la unión de las naciones y los pueblos y una conciencia elevada. Su sueño era una liberación de las mentes que permanecieron oscurecidas durante mucho tiempo, ayudarles a saber quiénes eran, a seguir los pasos de Jesús y mostrarles que todo lo que hiciera él, también ellos lo podían realizar. Así que él siguió su camino. Durante doscientos años recorrió las tierras de Europa. Como maestro ascendido no se veía limitado a ese campo. En aquel tiempo sembró semillas que ahora empiezan a germinar y a dar sus frutos en todo este planeta. Se hizo claro que todos los esfuerzos que realizaba se veían frustrados, aun cuando tuvo lugar una evolución e iluminación maravillosas. Mi hambre y conocimiento poco a poco se convirtieron en su hambre y en su intenso anhelo de fructificar. Después de la siembra de los Estados Unidos y de su independencia de la madre patria, mi amado empezó a sentirse atribulado, sí, ello es posible para un maestro ascendido. Comenzó a experimentar la agonía por la enfermedad que campaba por la tierra, la separación, las luchas las enfermedades y la discapacitación. Cuando su alma se hallaba sumida en una noche oscura, aparecí ante él. Desde luego ya habíamos mantenido contacto con anterioridad, pero el mayor deseo de nuestro corazón sólo se podía alcanzar estando ambos en encarnación física. Así que aparecí ante él y establecimos un pacto. En aquel instante mis energías disminuyeron y fui concebida. Elegí nacer como lo hace toda la humanidad, para ser humilde, ser una niña y abrazar en mi corazón a toda la humanidad, para no ser diferente de vosotros, mis hermanos y hermanas. Retuve suficiente conocimiento y a mí alrededor tuve ángeles y seres que me ayudaron a recordar quién soy y por qué había vuelto de nuevo al plano de la Tierra. Un día grandioso, justo pasado mi duodécimo cumpleaños, me encontraba en el viñedo de mi padre. En esa estación ya se había posado un poco de escarcha y las hojas de la vid empezaban a tornarse ocres. Las uvas estaban plenas, fragantes y a rebosar de su jugo de color rubí. El sol se ponía, los trabajadores habían regresado a sus hogares y yo demoré mi retorno al mío. El trinar de los pájaros era dulce y me invitaba a cantar mientras caminaba por el centro del viñedo, acunaba las uvas en las manos y probaba su dulzor. La gloria de la puesta de sol fue magnífica aquella noche y la estrella vespertina era un diamante próximo que podía tocar y guardar en mi corazón. En ese instante, al alargar la mano hacia la estrella, por casualidad miré al otro lado del camino y contemplé la silueta de un hombre. Me di cuenta de que llevaba allí algún tiempo y comprendí que no era uno de los trabajadores, sino que en verdad reconocí que se trataba de mi amado. Se adelantó y exaltó mis virtudes. Le dije: «Mi querido hermano, soy tu espejo.» Con las manos unidas caminamos aquella noche y fundimos las energías de todo el tiempo y todo el espacio. No se aprovechó de mi virginidad, pues eso ni siquiera pasó por nuestros pensamientos, pero aquella noche nos fundimos el uno en el otro. Cuando el sol empezó a salir, nos vimos elevados por los brazos del Padre/Madre, nuestra Fuente, y nos mezclamos en el Sol/Hijo de nuestro ser. Nacimos de nuevo en la Unión eterna. Nacimos de nuevo en cada átomo, en cada dimensión, encada pensamiento y sentimiento que es el Dios Yo SOY. Comparto con vosotros esta historia, para que también vosotros podáis ser Espejo de vuestros hermanos y hermanas, y ser como la Rosa en el jardín de Dios. Honraos a vosotros mismos, amaos, entregaos a la majestad, a la frecuencia eterna que Yo SOY. Os amo. YO SOY vosotros. NAMASTE

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