viernes, 8 de junio de 2012

Madre Divina por el amado Maestro Kuthumi.



Madre Divina no es algo abstracto ni un concepto lejano. Por años se enseñó a la humanidad el concepto de nuestro amado Padre Celestial, un Dios de justicia y a la vez de amor, muy misericordioso; pero ahora se entrega  a la humanidad esta nueva, más que nueva, se revela este aspecto de nuestro amado Dios, su aspecto femenino, y bien es llamada Madre pues Ella consuela y cobija a todos sus hijos por igual en sus brazos.
Ella espera que todos vuelvan a Ella. Ella está ahí, cercana, es lo más cercano de lo cercano; mas los devotos muchas veces no la perciben puesto se distraen en la ilusión.
El yogui contempla a nuestra Madre Divina en todo, se deleita al amanecer, se deleita al atardecer, ve su resplandeciente rostro a través de la luna, su pureza en los ríos, su inmensidad en el océano, su grandeza en las montañas, su frescura en el aire.
Los universos no han sido más que creados de una sola chispa de su ser, su inmensidad no puede ser descrita en palabras, pero sí puede ser conocida a través de la profunda meditación. No hay nada más grandioso que meditar en el nombre de nuestra amada Madre, meditar a sus pies y desde ahí elevarnos a su corazón.
Han de saber que no hay limitaciones para Ella, no hay barreras que la separen de nosotros, mas los devotos ponen sus propias barreras y la ven distante, siendo cuando Ella está ahí, susurrándoles a cada instante, recordándoles que vuelvan a sus brazos.

La belleza de la flor simplemente es una alabanza a la belleza de nuestra amada Madre Universal, la fragancia del jazmín no es más que una simple alabanza al delicado perfume de su Ser.
Los aspectos que Madre Divina toma son muy variados, estos dependen del concepto que el devoto desarrolle hacia nuestra amada Madre. Ella en su entera misericordia y amor complace a sus devotos manifestándose de aquellas formas; pero mas, han de saber, ninguna de esas formas la condiciona.
Ella es el absoluto, lo eterno. Su nombre es tan dulce como la miel, el repetir su nombre colma el alma del devoto con esa dulce miel de devoción y amor. No hay, hermanos, no hay nada más glorioso que nuestra amada Madre.
De igual forma como una madre terrenal nutre a sus bebes, la Madre Divina nos nutre a todos, cuidándonos, acariciándonos a cada instante, entregándonos su compañía, su amor como toda madre, pues ellas no son más que un reflejo, lo cual nos recuerda la maternidad universal.

Extracto del libro "Las Palabras del Maestro.  de la Divina Madre

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