martes, 5 de marzo de 2013

RELACIONES AMOROSAS YESHUA







Canalizado por Pamela Kribbe
Enero 31 de 2013



Queridos amigos: YO SOY Yeshua. Os saludo a todos sinceramente. Estoy aquí con corazón pleno. Quiero compartir con vosotros porque sois mis hermanos y hermanas; y siento una profunda afinidad con vosotros. Yo no soy ni más ni más alto que vosotros, nosotros somos uno.



Nos embarcamos juntos en la siembra de la semilla de la Energía Crística en la Tierra, una semilla que con el tiempo crecería lentamente y florecería como una flor completamente madura. Este tiempo en la Tierra es el de la compleción de ese viaje. Es un tiempo en el cual comienzan a desarrollarse muchas plántulas; y de muchas maneras sois capullos en flor. Juntos formamos una unidad, un colectivo de Almas que se dedican al nacimiento de una Nueva Consciencia. Así que no me veáis más como un maestro que está por encima de vosotros, sino como un amigo que os toma de la mano y quiere compartir este Amor con vosotros, porque Yo os amo profundamente a todos.



Vosotros tenéis un intenso deseo de Amor. Lo buscáis en relaciones con otros; y también por medio de una conexión con lo Divino. Pero verdaderamente, lo que anheláis yace dentro de vosotros; es vuestra propia naturaleza Divina, la parte de ti que es una con el Amor y la Alegría Incondicionales. Cuando experimentas esta parte de ti, se siente como llegar al hogar. Todo lo demás en tu vida se vuelve fácil, ligero y gozoso. Eres uno contigo mismo y no necesitas nada fuera de ti para hacerte sentir bien. Eres una unidad por ti mismo; y sin embargo te sientes conectado con todo lo demás de una manera profunda e íntima.



Lo paradójico de las relaciones es que puedes estar íntimamente conectado con otra persona solamente si eres capaz de abrazar la Unicidad dentro de ti mismo. Si estás listo para aceptarte, con las cargas del pasado, con las altas y las bajas; entonces hay espacio para otra persona con su individualidad única. Entonces ya no estás usando a otra persona para llegar al Hogar. En lugar de ello, compartes con esa otra persona el Hogar que llevas dentro de tu corazón. Este tipo de relación se convierte en una celebración conjunta, en compartir; y ésa es una relación sanadora, ya sea con una pareja, un amigo o un niño; esencialmente no hay diferencia. Sin embargo, las relaciones amorosas, las relaciones de pareja, son las que más exigen de vosotros. Os tocan profundamente y agitan profundas emociones, porque más que cualquier otra relación, parecen tener la promesa de llegar al Hogar.



Antes de hablar sobre las relaciones amorosas, me gustaría recordaros que el Hogar que anheláis, esa unidad original de la cual nacisteis como Almas, no está lejos. Puedes decir que en el reino del tiempo, hace un tiempo extremadamente largo que saliste, simbólicamente hablando, del Paraíso. Que seguiste tu propio camino como "Alma en un cuerpo" y elegiste cierta forma en la cual manifestarte y pasar por las experiencias; y visitar diferentes lugares del Universo.



Cuando naciste como un Alma individual y emprendiste tu viaje, renunciaste a esa unidad primordial, la cual puedes imaginar con una cálida manta de Amor y Luz que era muy familiar para ti. Una unidad donde siempre sentías la presencia segura de un Padre Madre Dios; y entonces nunca tenías miedo de estar solo ni de ser rechazado. Estos conceptos "negativos" ni siquiera estaban en tu comprensión; y sin embargo, en Dios estaba trabajando un poder arquetípico que te dio nacimiento desde el útero de la Unicidad de este Padre Madre Dios.



¿Cuál fue el propósito de ese nacimiento? ¡Para que todos os pudierais convertir en dioses independientes! ¡Para que vosotros mismos os pudierais convertir en puntos de partida de un Padre Madre Dios, fuente de calidez y Amor, del cual fueran creados y surgieran infinitos seres. Pero la despedida que se os dio en el comienzo, os llegó como un impacto. Os disteis cuenta de que con esta separación de la Unicidad llegaba el conocimiento de que para experimentar verdaderamente el proceso de evolución, no podríais saber nada anticipadamente. Te diste cuenta de que solamente te podrías separar de esa unidad primordial, yéndote completamente por tu propia cuenta como Alma individual, que por primera vez se familiarizaba con el temor y la desolación y la oscuridad de no-saber y no-entender.



Aún llevas esa experiencia original de desolación y soledad, la cual puede surgir muy fuertemente en el ámbito de las relaciones amorosas.



Pero antes de abordar esas relaciones, me gustaría recordarte que tienes la posibilidad de experimentar esa conexión primordial en cualquier momento. Cuando te duermes sin soñar, abandonas tu cuerpo y te conectas con la fuente más profunda de la cual viniste, con Dios, si quieres llamarla así, o con el núcleo más profundo de ti mismo: esa parte de ti que nunca salió del Paraíso y aún está allí. Aunque saliste de allí hace miles de millones de años, la Unicidad aún está dentro de ti; es una parte inalienable de tu consciencia. En la noche, si tu mente no está demasiado activa y te rindes al sueño y a los reinos no-físicos en los que entras, entonces, cuando dejas tu cuerpo, acoges esa Fuente y te renuevas. En tu vida diaria también puedes hacer la conexión con esta realidad del Espíritu Divino, del cual eres una íntima parte. Poniéndote muy quieto, puedes sentir esa presencia aquí y ahora. Te invito a sentir que juntos, como uno, todos hacemos parte de ese rostro original de Dios.



Imagina que en medio de tu pecho, en tu Chakra del Corazón, hay un bello cristal brillante. Imagínalo allí y siente su poder: un claro cristal puro en el cual todas las facetas reflejan simultáneamente tus muchas experiencias. Este cristal-corazón está conectado también con todo lo que te rodea. Los sentimientos que recibes de otros pueden ser reflejados por este cristal; así que al recibir su humor y sus emociones a través de este cristal, llegas a entender a otros. Desde este cristal-corazón, entiendes las experiencias de otros: su dolor y sus decepciones, son claros para ti.



Este cristal-corazón está conectado con los corazones de todos los otros seres vivientes, porque todos somos uno. Y sin embargo puedes sentir también que este corazón que llevas en tu pecho, te pertenece:



es tu Corazón Álmico. Siente cómo se reúnen ambos aspectos. Estás conectado en el nivel del corazón, un campo horizontal que te conecta con todas las cosas vivas, así que allí no hay separación pues todos somos uno. Pero tú también eres "uno", lo cual significa que tú eres tú; y nadie más es exactamente como tú. Tú eres un Ser individual y hay una línea vertical que te conecta directamente con tu Fuente, con Dios. Estás en este cuerpo físico, que es el portador de tu corazón, tu propia parte de la Consciencia de Dios.



Siente la vastedad de este cristal: la consciencia infinita que te pertenece y sin embargo puede ir a donde quiera. No está atada a este cuerpo, aunque ahora está en este cuerpo, temporalmente, pero es una energía tan vasta, que en últimas no está ligada con ninguna forma. Tú eres esa consciencia; has traído contigo una parte del tejido Divino de Padre Madre Dios aquí a la Tierra. Tú eres íntegro y completo dentro de ti mismo; y tú eres el guardián de este cristal-corazón. Recuerda que ahora miramos el tema de las relaciones amorosas.



Cuando te enamoras de otra persona, frecuentemente al comienzo de la relación hay una intensa experiencia de deleite. Parece como si algo se abriera ampliamente dentro de ti, algo que estuvo largamente oculto y que solamente puede ser liberado por la mirada del otro/a. Otras personas parecen no ver ese "algo" dentro de ti, pero tu ser amado despierta la desnuda belleza de quien eres. Retornan tu pasión y tu entusiasmo por la vida, te sientes visto y amado; y vas a experimentar tu propia profundidad, la maravilla que eres. Eso es lo que experimentas en el enamoramiento. ¡Y aunque parece tener que ver con el otro, realmente tiene que ver contigo, con lo que el otro evoca en ti, que es delicioso, un milagro! Solamente entonces pareces despertar y sentir lo mucho que tienes para dar y lo mucho que puedes ser amado.



En el enamoramiento que experimentan, usualmente las personas se intoxican con el asombro y la maravilla; y ciegamente se atan a quien despertó en ellos este sentimiento. Ella o él tiene la "varita mágica"



en sus manos; y lo que primero condujo a una revelación; y a un sentimiento de Amor hacia ti mismo así como hacia el otro, conduce gradualmente a un escape de ti mismo, mientras te enfocas totalmente en el otro.



Entonces comienza una lucha con el otro. Quieres poseer la parte de éste que te hace sentir tan bien. Y la otra parte a menudo hace lo mismo contigo; y ambos estáis inmensamente confundidos por este tira y afloja. De esta manera, lo más alto que os podéis dar, llama a lo más bajo; es decir: celos, dependencia y luchas de poder. Ésta es una caída extremadamente dolorosa que casi todos habéis experimentado en la vida.



¿Cómo sucede esta caída? Hay dos partes dentro de ti. A partir de ese cristal-corazón que describí, hay un Amor en ti que puede ver al otro exactamente como es; y puede experimentar la belleza que hay allí.



Desde este espacio en vuestro corazón, podéis entrar en una conexión mutua igual y equilibrada, en la cual reconocéis lo Divino en el otro; y en la cual no perdéis de vista el Humano en el otro. Aceptas en el otro su dolor, su desconfianza, sus desilusiones y sus resistencias.



Pero hay otra energía que está funcionando a partir de tu vientre, algo que puede ser una gran fuerza perturbadora en el enamoramiento.



Yo llamo a esta energía el Niño Interno Abandonado, que tiene un dolor muy fuerte y profundo desde ese dolor del nacimiento cósmico original, por abandonar la Unicidad de Padre Madre Dios. Cuando te enamoras, este niño también despierta; y este niño tiene muchas emociones que pueden oscurecer tu corazón. Estas emociones pueden envolver al cristal-corazón y ocultar el hecho de que tú eres la fuente del deleite y la dicha que experimentaste en las etapas iniciales del amor romántico. Esos sentimientos tenían que ver contigo y con el espacio que te diste, lo cual fue hecho posible por el otro, pero aún así tenía que ver contigo.



Sin embargo, el niño en ti, que está adolorido y reclamando la atención, el Amor y el reconocimiento que le han faltado por tanto tiempo, puede ser tentado a ejercer una especie de dominio sobre la pareja; quiere aferrarse a toda costa para obtener lo que le falta. De esta manera, el niño y el cristal-corazón pueden terminar en lados opuestos. Lo que al comienzo parecía ser muy bello, se convierte en una relación destructiva en la cual vais a luchar en uno con el otro y a entrar en una batalla que nadie quiere, pero que sucede de todos modos.



Cuando se presenta la amenaza de que la magia desaparezca, puedes desesperarte. A toda costa quieres aferrarte a tu pareja, porque una vez tuviste un sentimiento de absoluto Amor por esa persona. Vas a luchar por aferrarte a ella; y pueden entrar en juego tus más antiguos dolores, tus emociones de ira, temor al abandono, incluso odio.



Incluso entonces es muy difícil dejar ir a la otra persona, porque eres impulsado por el recuerdo de cuán bueno era cuando todo estaba en armonía.



En esta etapa es muy importante que sepáis cómo dejar ir. Cuando sintáis que vuestra relación va por una espiral descendente; y vayáis a acusaros y culparos mutuamente, es el momento de dar un paso atrás.



Os podéis herir tanto, precisamente porque os habéis tocado tan profundamente; y ese dolor es difícil de sanar.



Así que atrévete a dar un paso atrás cuando sientas que estás girando fuera de control, que estás siendo arrollado por emociones que evitan que te aproximes a tu pareja con el corazón abierto. Puedes sentir un profundo temor de ser abandonado, o precisamente lo opuesto: un temor de conectarte tan profundamente con alguien, que te pierdas en ello.



Puede haber otras emociones tales como ira o celos, pero lo más importante es que te des cuenta de que las más intensas emociones tienen que ver más contigo que con la relación. La relación detonó las emociones, pero se derivan de causas más profundas.



Lo que importa ahora es que te vuelvas hacia el herido y abandonado niño interno, que es la causa real de tu desequilibrio emocional.



Hacer eso no es responsabilidad de tu pareja. Ni tú tampoco eres responsable del niño interior de tu pareja. Hacer a otro responsable de tu dolor y esperar que éste lo sane, conduce a enorme confusión en las relaciones.



¿Entonces cómo puedes ver cuándo la relación, que inicialmente era un vínculo amoroso, va mal y se está desequilibrando? Realmente hay signos claros; y una manera de encontrarlos es haciendo simbólicamente un ejercicio con tu niño interior.



Imagínate parado frente a tu pareja en este momento. O si no tienes pareja, elige a alguien muy importante para ti; y permite que tu niño interno se pare a tu izquierda. Simplemente imagínate como un niño de menos de diez años; y párate frente a tu pareja con ese niño parado a tu izquierda. Ahora mira cómo responde el niño a tu amado/a. Observa la primera reacción de ese niño. Pregunta al niño: "¿Qué te atrajo a él o ella? ¿Qué encontraste tan irresistible? ¿Qué tocó tu corazón?



¿Qué te fascinó?" Y luego pregunta: "¿Cómo te sientes ahora?"



¿Le sucedió algo a esa cualidad original? ¿Aún puede el niño sentir ese Amor? En una relación sanadora, esa cualidad única aún está muy presente. Aún te nutre, aún te abriga, mientras que al mismo tiempo tu pareja ha adquirido una forma más humana, con sus propios problemas y subidas y bajadas. Sin embargo, algo de esa magia original aún está allí; y por causa de esa magia, los problemas se pueden superar. Si te das cuenta de que esa magia está ausente, si tu niño interior no se siente amado o se siente amenazado injustamente, entonces hay algo en curso a lo que le tienes que poner atención. Dedica tiempo a descubrir esto con tu niño interno.



Para aclarar la situación, deja ir la imagen del niño interno; y ahora imagina que estás parado ante la pareja que has elegido; y observa cómo fluye entre vosotros la energía de dar y recibir. Primero, mira lo que tú le das y siéntelo; y no tiene que ser expresado en palabras, mientras lo sientas. Mira lo que fluye desde ti hacia el otro; y percibe cómo te sientes en este momento. ¿Por causa de esta dádiva te sientes más energético, o te sientes vacío y exhausto? ¿Dar te resulta inspirador, o eso te agota? Mantente en ese primer sentimiento.



Después de observar lo que das al otro, observa la interacción inversa. ¿Qué recibes del otro? Sólo confía en el primer sentimiento tal como te llega. ¿Lo que recibes se siente bien? ¿Hace que tu corazón se abra más? ¿Te sientes más feliz contigo mismo como resultado de lo que recibes? La esencia de una relación sanadora es que la otra parte te da algo que crea alegría en tu corazón.



Finalmente, hay otra señal de una relación destructiva. A partir de tu Plexo Solar - un sitio cercano tu estómago - siente una "cuerda" de energía que te conecta con el otro miembro de la pareja. Si eres sensible, es posible que puedas experimentar esa cuerda. Lo que estás buscando es el sentimiento de que necesitas poseer al otro; de que te da pánico al pensar que el otro ya no estará aquí; de que algo tira de esa cuerda. Si sientes eso, entonces esa cuerda es esencialmente un cordón umbilical energético que te conecta con el otro y te produce el sentimiento de: "¡Lo/la necesito, no puedo vivir sin ella/él!" Ese sentimiento de pánico te muestra que no operas independientemente, o al menos que piensas que no eres capaz de vivir sin el otro; y semejante dependencia puede conducir a una relación destructiva.



En una relación sanadora, es natural que os extrañéis mutuamente si de alguna manera estáis separados. Es natural disfrutar; y consecuentemente anhelar, la compañía del otro. Puedes querer al otro, pero no necesitas al otro. Pero en una relación destructiva, está activo algo maligno. ¡Hay un sentimiento de que no puedes vivir o estar sin el otro, que de él/ella depende tu bienestar, quizá tu propia vida! Y esto te debilita sustancialmente. Hay un profundo temor del posible rechazo por parte del otro; y eso hace que te sientas pequeño y restringido; y la relación entera ya no tiene esa gozosa expansividad y libertad que tenía al comienzo.



Trata de sentir estas cosas por ti mismo, calmadamente, a tu propia manera. Y no tengas miedo de dar cabida en la relación a permitirte sentir esta clase de cosas. Porque una vez que te encuentras en una espiral descendente en una relación, frecuentemente es necesario que los miembros de la pareja se distancien, física y emocionalmente, para comprobar dónde está parado cada uno. Durante ese tiempo, frecuentemente no es útil tratar de hablar las cosas. Primero es necesario que vuestros campos energéticos se liberen mutuamente, para tener suficiente espacio para regresar al centro de tu cristal-corazón. Entra con tu consciencia en ese bello cristal puro que es tu esencia. No dependas de otros para experimentar eso en ti; está allí para ti; siempre. Es el susurro de Dios que puedes oír en el silencio.



Entonces siente que desde ese cristal brillan rayos de luz hacia el niño en ti, que aún sufre dolor y que aún está buscando fuera de sí mismo aceptación y Amor y seguridad. Deja que tus rayos de Luz caigan en ese niño; y literalmente puedes ver que la Luz cristalina parece anclarse y fluír hacia abajo cada vez más profundamente a través de tu vientre y baja por tus piernas hacia la Tierra.



¡Ésta es tu Luz, tu Luz Álmica única! Estás aquí para experimentar esta Luz en un cuerpo en la Tierra. Tu Luz particular es única, es tu Ángel de Luz; y si permaneces conectado con Ella, entonces atraes a tu vida relaciones sanadoras. Tú no "necesitas" a otro/a. Y tampoco tienes necesidad de convertir a otro en algo "perfecto": alguien que finalmente te ve en la perspectiva que deseas; y que te entiende y te acepta de la manera incondicional que deseas.



La aceptación y el Amor Incondicional solamente se encuentran en tu propio corazón; por y para ti mismo. No cargues a otro con ese deber.



Ese amor absoluto es algo entre tú y tu Yo. Esto solamente te lo puedes dar tú mismo; y cuando lo hagas, te convertirás en una fuente de Amor para otros, porque entonces has llegado a ser completamente honesto y veraz contigo mismo. Tú te amas, incluyendo la parte oscura:ese niño en ti que algunas veces lucha y se atormenta.



Cuando te amas, te resulta más fácil ver a la otra persona en una perspectiva verdadera. Ya no tienes que tomar tan personalmente las cosas ofensivas o hirientes que algunas veces ella o él dice o hace.



Sus acciones y reacciones le pertenecen; y te resulta más fácil no responder a ellas tan emocionalmente. La otra persona ya no es responsable de la salvación de tu Alma; tú lo eres. Tú eres dueño de tu propio mundo, de tu realidad.



Todos vosotros estáis en esta senda de auto-realización; y ya estáis tocando a otras personas con vuestro corazón cristalino: les estáis dando chispas de Amor y esperanza. Os agradezco por venir a la Tierra en este tiempo, en este período de cambio y transición.



Yo estoy con vosotros y os cuido profundamente. Sois mis hermanos y hermanas; y os amo.



YESHUA.



Tradujo: Jairo Rodríguez R.